19 may. 2011

En el fondo, las chicas débiles sabemos cuidarnos solitas.

Me siento en el borde del abismo mirando el horizonte. Las nubes, de un color grisáceo claro, ocultan ese sol que tanto me gusta. Y yo, ¿Que hago yo? Sigo mirando al horizonte, se oye como las olas rompen contra el acantilado. En este momento me siento como una pequeña ola cuando golpea esas afiladas rocas. Esas que hacen que se rompa en miles de gotitas pequeñas. 
Ahora yo soy una pequeña gotita, vagando sola por el inmenso mar. 
Si "Él" pudiera estar aquí, conmigo...
Oigo pasos que se acercan. No hace falta girarme para ver quien es. Ya lo sé.
Su perfume me rodea y me abraza.
Óliver llega y se acomoda en la fina hierba. Me mira y una pequeña lagrima desciende por mi mejilla derecha.
" Una chica tan fuerte como tu no debería llorar.."
" A estas alturas deberías saber que yo no soy fuerte"
" Entonces.. - Dudó un poco- ¿Puedo acompañarte? Si no eres una chica fuerte necesitarás ayuda". Sonrió.
" Haz lo que quieras. En el fondo, las chicas débiles sabemos cuidarnos solitas"
" Pero, junto a alguien que las cuide, todo sería mas fácil "
Me giré, y le abracé. Y lloré. Y reí. Y volví a llorar. 
Nos separamos poco a poco y volvimos a mirar al horizonte, a las nubes grisáceas... ¿Y por qué no? A un sol que no quería salir, pero que dentro de mi brillaba con intensidad.
Nos tumbamos en la fina hierba y tumbada sobre el pecho de Óliver nos dormimos. 

3 may. 2011

El de Lima Limón.


No pienso. No existo. Desaparezco. ¿Es mi final? ¿Es mi principio?
Preferiría pasar mis pequeños minutos a tu lado. Pero ya no es posible.
¿Estás triste? No te entiendo. Ahora soy feliz, pero verte destrozado es algo que mi corazón no aguanta.
Y tu, ser que tanto daño me ha causado, por fin podía salir sin sentir ese pesar que tanto mal provocó en mi.
Podía cantar sin pena.
Pero por casualidad, ayer pasé por tu lado y tu ni te inmutaste. Te vi, sentado en aquella mesa de aquella heladería que tanta dicha henchía mi alma, te vi, con mi helado preferido. Si. El de Lima Limón. Y advertí como removías el batido.
Dos a la derecha y una a la izquierda” Mi voz resonó dentro de mi,
¿Porqué lo haces?” Aún sabiendo la respuesta, siempre me lo preguntabas.
Por que así, recuerdo nuestra primera cita” Y entonces me quitabas el batido y le pegabas un trago.
Lo removiste, le pegaste el trago y dejaste el batido en la mesa. Te levantaste y me viste.
Mi corazón se heló.
Di media vuelta y desapareciste de mi vista. Los días pasaron y como cada sábado volvias a esa heladería. Sin mi. Ya no cogias el batido de lima. Se que me esperabas, pero yo nunca volvería.
Pero desde que nuestras miradas se volvieron a cruzar, ya no fui la misma.
Ahora sabía que prefería tu felicidad y tu sonrisa, antes que la mía.